– ¿Llevarán a los niños?

Tenían tres hijos pálidos y lloricas de cuya compañía jamás disfrutaba Maddy, a pesar de lo mucho que le gustaban los niños. Pero no los de los McCutchins.

– Les dije que no lo hicieran -respondió Jack con una sonrisa-. Sé que no los aguantas, y no te culpo. Además, asustan a los caballos.

– Algo es algo -dijo Maddy.

Había sido una semana ajetreada, y estaba cansada. Esa noche se durmió en brazos de Jack, y ni siquiera lo oyó levantarse a la mañana siguiente. Cuando bajó a desayunar, él estaba vestido y leyendo el periódico.

Jack le dio un beso rápido y pocos minutos después se marchó a la Casa Blanca, donde el helicóptero presidencial lo esperaba para llevarlo a Camp David.

– Que te diviertas -dijo ella con una sonrisa mientras se servía una taza de café.

Jack parecía de buen humor. Nada le estimulaba tanto como el poder. Era una adicción.

Esa tarde, cuando se reunió con ella en el aeropuerto, estaba absolutamente radiante. Era obvio que se lo había pasado en grande con Jim Armstrong.

– ¿Y? ¿Resolvisteis todos los problemas de Oriente Medio o planificasteis una pequeña guerra en alguna parte? -preguntó Maddy con una sonrisa pícara.

Le bastó mirarlo al sol de junio para volver a enamorarse de él. Era tan atractivo, tan apuesto…

– Algo parecido -respondió Jack con una sonrisa misteriosa mientras la seguía hacia el avión que había comprado ese mismo invierno. Era un Gulfstream, y estaba encantado con él. Lo usaban todos los fines de semana, además de para los viajes de negocios de Jack.

– ¿Ya puedes contármelo?

Maddy se moría de curiosidad, pero él negó con la cabeza y se rió de ella. Le gustaba provocarla.

– Todavía no, pero lo haré muy pronto.

El avión, tripulado por dos pilotos, despegó veinte minutos después, mientras Jack y Maddy conversaban en los cómodos asientos de la parte trasera. Pusieron rumbo al sur, hacia la casa de campo de Virginia. Para disgusto de Maddy, los McCutchins estaban esperándolos cuando llegaron allí. Habían llegado en coche desde Washington esa mañana.



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