– ¿Te rompiste una uña? -bromeó Greg,

Ella siempre reía sus bromas, pero esta vez permaneció seria.

– Tiene que ver con Janet.

– Parece una mujer sosa y anodina. Solo la he visto un par de veces, en las fiestas del senado.

Maddy suspiró y decidió dar el salto. Confiaba plenamente en Greg.

– Él le pega.

– ¿Qué? ¿El senador? ¿Estás segura? Es una acusación muy grave.

– Sí, pero yo le creo. Me enseñó los moretones.

– ¿Esa mujer no está mal de la cabeza? -preguntó Greg con escepticismo. Era la misma reacción que había tenido Jack, y a Maddy le molestó.

– ¿Por qué los hombres siempre dicen cosas parecidas sobre las mujeres maltratadas? ¿Si te hubiera dicho que ella lo golpeó con un palo de golf me habrías creído? ¿O habrías dicho que ese gordo cabrón estaba mintiendo?

– Lamento decir que probablemente le creería. Porque los hombres no mienten cuando dicen esas cosas. Es muy raro que un hombre sea maltratado por una mujer.

– Las mujeres tampoco mienten. Pero la gente como tú, y como mi marido, les hacen creer que tienen la culpa de que las maltraten y que deben mantenerlo en secreto. Sí, es cierto que ella estuvo ingresada en un psiquiátrico, pero a mí no me parece que esté loca, y sus cardenales no fueron producto de mi imaginación. La tiene aterrorizada. Había oído que era un hijo de puta con sus colaboradores, pero no sabía que maltrataba a su esposa. -Nunca había hablado abiertamente de su pasado con Greg. Como muchas mujeres en su situación, se sentía responsable de lo que le había ocurrido y lo ocultaba como si se tratase de un secreto vergonzoso-. Le prometí ayudarla a encontrar un lugar seguro. ¿Tienes idea de por dónde debo empezar?

– ¿Qué te parece la Coalición por las Mujeres? La dirige una amiga mía. Y lamento lo que acabo de decir. Debería ser más listo.



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