
– Eso es una tontería, y lo sabes. Primero lo habrías matado a él. Esa mujer estaba enferma; había sufrido trastornos mentales. Seguramente tendría otras razones para hacer lo que hizo.
– ¿Cómo puedes decir eso? ¿Por qué te niegas a creer que ese gordo cabrón la maltrataba? ¿Tan increíble te parece? ¿Tan buena es tu opinión de él? ¿Por qué no es posible que ella dijera la verdad? ¿Porque es una mujer? -La enfureció escucharlo, y recordó que incluso Greg había puesto en duda la versión de Janet-. ¿Por qué la mujer siempre ha de ser la que miente?
– Puede que no lo hiciera, pero el hecho de que se haya suicidado respalda la teoría de que estaba desequilibrada.
– Respalda la teoría de que pensaba que no tenía otra forma de escapar y de que estaba desesperada. Lo bastante desesperada para dejar huérfanos a sus hijos, e incluso para arriesgarse a que uno de ellos descubriera su cadáver.
Mientras él hablaba, Maddy lloraba y respiraba con gemidos entrecortados. Sabía lo que era sentirse tan angustiada, tan aterrorizada y arrinconada que no parecía haber escapatoria. Si no hubiera sido joven y bonita, y si Jack no la hubiese querido para su cadena de televisión, habría acabado como Janet McCutchins. Y no creía que Jack tuviera razón cuando decía que antes habría matado a Bobby Joe. Había pensado en el suicidio más de una vez en las terribles noches en que él estaba borracho y ella tenía los labios y los ojos hinchados como consecuencia del último acto de violencia. Era fácil comprender lo que había sentido Janet. Entonces recordó las llamadas que había hecho por ella el día anterior desde su despacho.
– Ayer llamé a la Coalición los Las Mujeres y a una línea de ayuda. Mierda, ojalá la hubiera telefoneado anoche. Tuve miedo de que Paul interceptara la llamada y le crease problemas.
– No podías ayudarla, Mad. No te castigues. Esto lo demuestra.
– Maldita sea, esto no prueba nada, Jack. No estaba loca, sino aterrorizada. ¿Y cómo sabes dónde estaba él, o lo que le había hecho antes de que ella se suicidara?
