Negó con su cabeza. No era estúpida. Incluso los mejores planes podían torcerse. Una siempre tenía que vestirse para la ocasión. Había todavía un leve aire fresco, y sintió sus pezones tensarse como pequeños capullos ofendidos.

Kate tembló, luego trató de ocultarlo con un resollante jadeo, como si estuviera desesperadamente excitada.

Podía hacerlo, como si tuviera simplemente la mente concentrada, pretendiendo no fijarse en el mazo que su marido tenía en la mano.

Sin mencionar el enfriamiento.

– Encantador -murmuró Anthony, extendiendo la mano y acariciándole el costado de su pecho…

Kate ronroneó. Él nunca podía resistirse a eso.

Anthony rió despacio, luego alargó su mano, hasta hacer rodar el pezón entre sus dedos.

Kate soltó un grito sofocado, y sus ojos volaron hacia él. Él la miró, calculando exactamente, pero inmóvil con muchísimo control. Y ocurrió, sabía con precisión que ella nunca podría resistirse.

– ¡Ah, esposa! -murmuró, ahuecando el pecho desde abajo, y levantándolo hasta sentirlo pleno en su mano.

Él rió.

Kate dejó de respirar.

Él se inclinó hacia adelante y tomó el pezón en su boca.

– ¡Ah! -Ahora ella no fingía nada.

Él repitió su tortura del otro lado. Entonces se distanció. Retrocedió.

Kate quedó inmóvil, jadeando.

– Ah, si tuviera una pintura de esto -dijo él-. Yo la colgaría en mi oficina.

Kate quedó boquiabierta…

Él levantó el mazo del triunfo.

– ¡Adiós!, querida esposa. -Salió de la cabaña, luego giró su cabeza hacia atrás-. Intenta no resfriarte. ¿Lamentarías perderte la revancha, verdad?

Él tuvo suerte, reflexionaba Kate más tarde, que no hubiera pensado en agarrar una pelota de palamallo cuando había enredado el juego. Aunque pensándolo bien, su cabeza estaría probablemente demasiado lejos para que hubiera podido abollársela.


Al día siguiente.


Había pocos momentos, Anthony decidió, tan absoluta y completamente deliciosos que superaran los pasados con su esposa. Desde luego, esto dependería de la esposa, pero como él había escogido a una mujer de intelecto, magnífica e ingeniosa, sus momentos, estaba seguro, serían de lo más deliciosos…



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