
– No me ha dejado terminar -dijo Rider-. No iba a decir que se producirán disturbios. Confío en la gente de esta ciudad. No creo que la situación llegue a estos extremos. Lo que sí iba a decir es que este caso irritará a la gente y levantará sospechas. Si usted piensa que conseguirá resolver la situación poniendo a más policías en…
– Eso no es de su incumbencia, detective Rider -volvió a interrumpirle Irving-. Lo único que le incumbe es la investigación.
Bosch se dio cuenta de que las interrupciones y palabras de Irving, diciéndole a una mujer negra que los problemas de su comunidad no le incumbían, habían enfurecido a Rider. Lo veía en la expresión de su rostro. Bosch decidió intervenir antes de que Rider soltara alguna inconveniencia.
– Necesitaremos más gente. Si no contamos con ayuda, los tres nos pasaremos semanas o meses verificando las coartadas de los sospechosos. En un caso como éste es preciso moverse con rapidez, no sólo por el caso en sí, sino por la reacción de la gente. Tres personas no basta.
– También me he ocupado de eso -replicó Irving-. Dispondrán de toda la ayuda que necesiten. Pero no de Robos y Homicidios. Debido al asunto Michael Harris, eso provocaría un conflicto de intereses.
Bosch tomó nota de que Irving se negaba a denominarlo el caso del Black Warrior y prefería utilizar el nombre del demandante.
– ¿Por qué nosotros? -preguntó.
– ¿Qué?
– Comprendo que estén aquí los de Robos y Homicidios. Pero ¿dónde están los equipos de la División Central? Este asunto no nos concierne, ni siquiera estábamos de guardia. ¿Por qué nosotros?
Irving espiró con gesto resignado.
– Esta semana y la que viene toda la sección de homicidios de la División Central estará en un curso en la academia. Después de un cursillo sobre sensibilidad; harán otro en el FBI para adiestrarse en las nuevas técnicas relativas a la escena del crimen.
