Robos y Homicidios estaba cubriendo sus casos, como éste. Una vez identificada la víctima que había sido asesinada de unos disparos en la cabeza, se pusieron en contacto conmigo y después de despachar con el jefe de la policía decidimos llamarlos a ustedes. Forman un buen equipo. Uno de los mejores. Han logrado resolver sus últimos cuatro casos, incluso aquel asunto de los huevos duros. Sí, estoy enterado de ello. Además, y esto es lo más importante, Elias nunca presentó una querella contra ustedes.

Irving señaló con el pulgar por encima de su hombro, hacia la escena del crimen en el interior del funicular. Al mismo tiempo miró a Garwood, pero el capitán seguía con la vista clavada en el suelo.

– Aquí no hay conflicto de intereses -dijo Irving-. ¿De acuerdo?

Los tres detectives asintieron. Durante los veinticinco años que llevaba en el departamento, Bosch había tenido que hacer frente a varias querellas, pero nunca había tenido que vérselas con Elias. Sin embargo, no acababa de creerse la explicación de Irving. Edgar había aludido a un motivo por el que les habían elegido a ellos, un motivo probablemente más importante que el hecho de que Elias no se hubiera querellado contra ninguno de ellos. Los dos compañeros de Bosch eran negros. Un detalle que podía resultarle muy útil a Irving. Bosch sabía que el deseo de Irving de que el departamento tuviera un solo rostro y una sola raza -azul- se iría al traste cuando necesitara un rostro negro para las cámaras.

– No quiero que mi gente se exhiba ante los medios, jefe -dijo Bosch-. Si estamos en el caso, estamos en el caso para trabajar, no para convertirnos en un espectáculo.

Irving lo miró irritado.

– ¿Cómo me ha llamado?

– Le he llamado jefe -respondió Bosch tras unos instantes de desconcierto.

– Ah, bueno. Porque me preguntaba si había alguna confusión sobre cuál es la jerarquía aquí. ¿Hay alguna confusión, detective?

Bosch volvió la cabeza y miró de nuevo a través de la ventana. Le daba rabia que los otros notaran que se había ruborizado.



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