– No -contestó.

– Bien -dijo Irving sin la menor tensión-. Entonces les dejo con el capitán Garwood. Él les pondrá al corriente de todo lo que hemos podido averiguar hasta el momento. Cuando el capitán haya terminado, hablaremos sobre cómo deben llevar el caso.

Irving se dirigió hacia la puerta, pero Bosch lo detuvo.

– Otra cosa, jefe.

Irving se volvió hacia el detective. Bosch había recobrado la compostura y lo miró con calma.

– Vamos a tener que investigar a muchos polis. Tendremos que repasar todos los casos de los abogados que se han querellado contra el departamento, no sólo el asunto del Black Warrior. De modo que deseo saber (y también mis compañeros) si usted y el jefe de la policía quieren que lleguemos al fondo del asunto caiga quien caiga o…

Bosch dejó la frase sin acabar; Irving no respondió.

– Quiero proteger a mi gente -dijo Bosch-. En este tipo de casos… Es preciso dejar las cosas bien claras antes de empezar.

Bosch se estaba arriesgando al decir eso delante de Garwood y los otros. Era probable que Irving volviera a enojarse.

Pero Bosch se había arriesgado porque quería que el jefe respondiera delante de Garwood. El capitán era un hombre poderoso en el departamento. Bosch quería que supiera que su equipo seguiría las pautas de las más altas jerarquías, por si las cosas se ponían feas para algunos hombres de Garwood.

Irving observó unos instantes a Bosch antes de responder.

– Tomo nota de su insolencia, detective Bosch.

– De acuerdo, señor. Pero ¿qué me contesta?

– Quiero que se aclare el caso, caiga quien caiga, detective. Han muerto dos personas. No importa quiénes sean. No deberían haber muerto. Utilice todos sus recursos. Y resuelva el asunto.

Bosch asintió en señal de conformidad. Irving miró brevemente a Garwood antes de abandonar la habitación.



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