
– ¿Dónde está Eldrige ahora?
– En Parker Center. Si quiere hablar con él tendrá que entrevistarlo allí. Haré que alguien lo vigile hasta que vaya usted.
– ¿Algún otro testigo?
– Ninguno. A las once de la noche ese lugar está desierto. El Mercado Central cierra las puertas a las siete. Allí no hay nada salvo unos edificios de oficinas. Dos de mis hombres se disponían a entrar en esos apartamentos para registrarlos, pero cuando consiguieron identificar a Elias se retiraron.
Bosch se paseó por el reducido espacio de la habitación mientras reflexionaba. Hasta el momento habían hecho muy poco, y hacía ya cuatro horas que habían descubierto los cadáveres. Esto le preocupaba, aunque comprendía el motivo del retraso.
– ¿Qué hacía Elias en Angels Flight? -preguntó a Garwood-. ¿Lograron sus hombres averiguarlo antes de retirarse?
– Supongo que querría subir a la colina, ¿no cree?
– Vamos, capitán. Si lo sabe, no perdamos el tiempo.
– No lo sabemos, Harry. Según hemos podido comprobar, vivía en Baldwin Hills. Eso está muy lejos de Bunker Hill. No sé qué le habría traído hasta aquí.
– ¿Han averiguado de dónde venía?
– Eso es más fácil. Elias tenía el despacho en la calle Tercera, en el edificio Bradbury. Seguramente venía de allí. Pero en cuanto a lo que hacía…
– Bien, ¿y qué saben de la mujer?
– Es un enigma. Mis hombres ni siquiera habían empezado con ella cuando nos dijeron que nos retiráramos del caso.
Garwood tiró el cigarrillo al suelo y lo aplastó con el tacón. Bosch lo interpretó como una señal de que la entrevista había terminado. No obstante, intentó sonsacarle más información.
– ¿Está usted cabreado, capitán?
– ¿Por qué iba a estarlo?
– Por haber sido apartado del caso. Porque sus hombres figuran en la lista de sospechosos.
Una breve sonrisa asomó en los delgados labios de Garwood.
