
– No, no estoy enfadado. Comprendo el punto de vista del jefe.
– ¿Están dispuestos sus hombres a colaborar con nosotros en este caso?
Garwood asintió con la cabeza tras unos instantes de vacilación.
– Desde luego. Cuanto antes colaboren con ustedes, antes conseguirán limpiar sus nombres.
– ¿Se lo dirá a sus hombres?
– Eso es exactamente lo que les diré.
– Se lo agradezco, capitán. Dígame, ¿cuál de sus hombres cree usted que pudo haberlo hecho?
Garwood esbozó una amplia sonrisa. Bosch observó sus dientes manchados de nicotina y se alegró de haber dejado el tabaco.
– Es usted muy listo, Harry. Lo recuerdo.
Garwood no añadió nada más.
– Gracias, capitán, pero ¿por qué no responde a mi pregunta?
Garwood se dirigió a la puerta y la abrió. Antes de salir se volvió para observar a Bosch, a Edgar y a Rider.
– No ha sido ninguno de mis hombres, detective. Se lo garantizo. No pierda el tiempo investigando en esa dirección.
– Gracias por el consejo, capitán.
Garwood salió de la habitación y cerró la puerta tras él.
– Este tío es como el capitán Boris Karloff -dijo Rider-. Juraría que sólo sale de noche.
– Míster Personalidad -dijo Bosch con una sonrisa-. Bueno, ¿qué pensáis de este asunto?
– Creo que aún estamos en el punto cero -respondió Rider-. Esos tipos no se dieron prisa antes de que los apartaran del caso.
– ¿Qué puede esperarse de los chicos de Robos y Homicidios? -terció Edgar-. No es que se distingan precisamente por su agilidad. Parecen tortugas. Creo que estamos jodidos. Tú y yo, Kiz, no podemos ganar este caso. ¡A la mierda con la raza azul!
Bosch se dirigió hacia la puerta.
– Salgamos a echar un vistazo -dijo para cortar a Edgar. Las quejas de su compañero eran válidas, pero en esos momentos sólo servían para entorpecer su misión-. Quizá nos formemos algunas ideas antes de que Irving decida volver a hablar con nosotros.
