
– Excelente puntería, ¿verdad?
Era la ayudante que Bosch no conocía. La miró y asintió con la cabeza. Estaba pensando lo mismo, que el asesino era un experto en el manejo de armas de fuego.
– Creo que no nos conocemos. Me llamo Sally Tam.
La técnica le tendió la mano y Bosch se la estrechó. Ambos llevaban puestos unos guantes de goma. Bosch se presentó.
– Hace unos minutos he oído hablar a alguien de usted, sobre el caso de los huevos duros -dijo la técnica.
– Pura suerte.
Bosch sabía que sus compañeros le tomaban el pelo a propósito de ese caso. Todo comenzó cuando un reportero del Times oyó hablar del asunto y escribió un artículo exagerando las dotes de Bosch, hasta el extremo de presentarlo como un pariente lejano de Sherlock Holmes.
Bosch señaló por encima de Tam y dijo que necesitaba pasar para echar un vistazo al otro cadáver. La técnica se apartó, y Harry pasó ante ella procurando no rozarla. Luego la oyó presentarse a Rider y a Edgar. Bosch se acuclilló para examinar el cadáver de Howard Elias.
– ¿Así es como lo encontrasteis? -preguntó a Hoffman, que estaba agachado junto a su instrumental, a los pies del difunto.
– Prácticamente. Lo volvimos para registrarle los bolsillos, pero luego lo colocamos de nuevo como estaba. En el asiento que tienes detrás hay unas polaroids, por si quieres verificarlo. El equipo forense las tomó antes de que tocáramos el cadáver.
Bosch examinó las fotos. Hoffman tenía razón. El cadáver estaba en la misma posición en la que él lo había encontrado.
Harry giró la cabeza del cadáver con ambas manos para estudiar las heridas. La interpretación de Garwood había sido correcta. El orificio de entrada de la bala situado en la nuca era una herida de contacto.
