
Fermín miraba de frente el vaso de agua en la mesita.
Hipón afirma que el alma es agua. Aristóteles, en Acerca del alma, no le concedía mucho crédito a esta teoría. Según él, Hipón tenía una mentalidad algo tosca.
Diles que no hagan ruido, o que se larguen, dijo el tío Jaime mirando hacia la puerta que daba a la sala en la que se congregaban las visitas. No hay manera de morirse en paz.
Expiró esa noche. El tío Jaime tenía un hijo que lo odiaba. En su confusión, Fermín pensó que quizá aquella confidencia en realidad iba dirigida a su hijo.
Entre los de pensamiento tosco, Aristóteles también citaba a Critias. Para éste, el alma es la sangre.
Tu padre, le dijo Fermín al hijo de Jaime, Isaac, a la hora de los pésames, tu padre tenía, en el fondo, un buen corazón.
Isaac lo miró con incredulidad. Agradezco que vinieses, dijo. Él quería que tú oficiases el funeral. Insistió mucho, ya sabes cómo era. Lo siento por las molestias.
Por favor, no es molestia. Este viaje me ha venido bien.
Lamentó haber dicho eso. No se deducía en absoluto de su tono, pero para cualquiera que, como el propio Isaac, estuviese al tanto de la historia familiar, era como si el enterrador dijese: Lo siento mucho, pero hoy es un gran día.
Pero el hijo del difunto añadió, sin pizca de suspicacia: Eres muy amable, Fermín.
Cuando falleció el marido de Ana, y eso había sucedido un año antes, a punto estuvo de darse de puñetazos en los ojos para hacerles llorar. Hasta que asumió la realidad de que no estaba triste y pidió perdón a Dios.
