Cuarenta y cinco minutos más tarde, estaba de nuevo abajo, ataviada con un exquisito sari de color verde lima. Y una hora después de eso, había dos docenas de personas en su salón conversando ruidosamente. Se trataba de uno de los frecuentes grupitos de invitados de Fiona: varios fotógrafos jóvenes, varios escritores de su edad, un famoso artista y su esposa, un antiguo editor de la revista Vogue que había sido el mentor de Fiona, un senador, unos cuantos banqueros y hombres de negocios, y varias modelos de renombre; lo habitual para una noche en su casa. Todo el mundo estaba pasándoselo bien, así que para cuando llegaron a la mesa del comedor las conversaciones se habían entrelazado, los invitados se sentían como viejos conocidos y las bandejas de Jamal con entremeses y copas de champán habían volado. La velada estaba siendo un éxito antes siquiera de haber dado comienzo. A Fiona le encantaban esa clase de reuniones, y a menudo se divertía. Sus cenas solían tener un aire informal, pero en realidad siempre estaban mucho más perfectamente orquestadas de lo que ella se habría atrevido a admitir, a pesar de las improvisaciones y los arreglos de última hora. Era una perfeccionista, a pesar de pasarlo bien con gente de lo más ecléctica y de coleccionar un buen número de conocidos de los más variados registros artísticos. Y debido a las coincidencias más que a un cuidado diseño, las personas que se reunían en torno a su mesa solían ser gente atractiva a la vista. Si bien la estrella que siempre sobresalía entre todas las demás, la más misteriosa, distinguida e impresionante era Fiona. Su estilo, su gracia y su capacidad para emocionar eran un don. De ahí que atrajese a personas interesantes como si se tratase de un imán.

Cuando se fue el último de los invitados, a eso de las dos de la madrugada, subió a su habitación después de darle las gracias a Jamal por sus esfuerzos.



11 из 203