Su madre volvió a casarse en dos ocasiones con hombres que Fiona odiaba, ambos alcohólicos, igual que lo había sido su padre. No volvió a verlo después de que se largase, ni a él ni a su familia, y lo único que supo es que había muerto cuando ella tenía catorce años. Su madre murió estando ella en la universidad. Fiona no tenía hermanos ni familiares conocidos. Así que a los veinte años se vio sola en el mundo, con un graduado por Wellesley, y tuvo que buscarse la vida. Fue ascendiendo peldaños en pequeñas revistas de moda y aterrizó en Chic a los veintinueve. Siete años después, se convirtió en editora jefe, y el resto ya era historia. Fiona ya era una leyenda cuando tenía treinta y cinco años y era la más importante editora de revistas de la región a los cuarenta.

Fiona disponía de una incontestable capacidad de juicio, un infalible sentido para lo que estaría de moda y para lo que podía o no funcionar. En otro orden de cosas, tenía muy buena cabeza para los negocios y todos los que trabajaban con ella la admiraban por eso. Pero por encima de todo era una mujer valiente. No le asustaba afrontar riesgos, excepto en su vida sentimental. En ese territorio no daba un paso más de la cuenta, no sentía la necesidad de hacerlo. No le asustaba estar sola, y de hecho durante el último año y medio se había convertido en su situación ideal. En cualquier caso, nunca estaba realmente sola, pues estaba constantemente rodeada de fotógrafos, ayudantes, diseñadores, modelos, artistas y un considerable rebaño de parásitos. Su agenda estaba cubierta, su vida social era muy activa y disfrutaba de un buen puñado de amigos interesantes. Siempre decía que le importaba bien poco volver a vivir con alguien. A decir verdad, en su armario no había espacio para la ropa de nadie más, y no tenía ganas de hacerlo. La revista ya entrañaba suficientes responsabilidades como para desear responsabilizarse también de un hombre. Fiona Monaghan no tenía un minuto de respiro en su vida, y a ella le encantaba que así fuese.



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