El sofá estaba cubierto casi por completo de joyas, accesorios, ropa y muestras de tela, que ella tiró al suelo sin contemplaciones cuando su ayudante entró cargada con una bandeja con limonada y un platillo de galletas. Fiona le hizo un gesto a John indicándole que tomase asiento en el sofá y, después de entregarle un vaso de limonada helada, ella misma se sentó en el otro extremo-. Gracias. Me alegro de que finalmente podamos conocernos -dijo él cortésmente.

Ella asintió y su rostro adquirió seriedad durante unos segundos mientras le observaba. No esperaba que fuese un hombre tan convencional, ni tan bien parecido. Parecía una persona tranquila y conservadora, pero al mismo tiempo había en él algo innegablemente eléctrico, como si una corriente invisible alimentase su organismo. Ella lo sintió así porque era del todo tangible. A pesar de su serio aspecto, transmitía algo parecido al apasionamiento. Ella tampoco tenía el aspecto que él esperaba. Era más sexy, más joven, más llamativa y más informal de lo que había supuesto. Había imaginado a una mujer mayor, más al estilo de un dragón. Tenía una temible reputación, no por ser desagradable sirio por ser dura, dura e implacable, en los negocios, toda una fuerza de h naturaleza a tener muy en cuenta. Y para su sorpresa, cuando le sonrió por encima de su vaso de limonada, creyó ver en ella un gesto casi infantil. Pero a pesar de ese aspecto aparentemente amistoso, en cuestión de minutos se centró en el tema que había motivado su encuentro y fue muy clara y concisa respecto a las expectativas de Chic en lo tocante a su relación profesional. Quería una buena y sólida campaña de anuncios, nada demasiado moderno o exótico. Chic era la revista más establecida del sector, y ella esperaba que los anuncios lo dejasen patente. No quería nada salvaje o alocado.



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