Leo sonrió y observó el tren de riqueza que se deslizaba por el espacio. No había ninguna duda al respecto. El Hábitat Cay, por más fascinante que fuera, no era más que la punta del iceberg de toda la operación de Galac-Tech en Rodeo. Tan sólo el cargamento que se hacía en ese momento podía mantener a toda una ciudad llena de viudas y huérfanos en buenas condiciones durante un año y, aparentemente, no era más que uno de los eslabones de una cadena interminable. La producción básica era como una pirámide invertida. Los del apéndice inferior sostienen una montaña cada vez más grande. Era algo que, en general, le producía a Leo más orgullo secreto que irritación.

—¿Señor Graf? —Una voz aguda interrumpió sus pensamientos—. Soy la doctora Sondra Yei, directora del departamento de psicología y capacitación del Hábitat Cay.

La mujer, que hablaba desde la puerta, llevaba un uniforme verde pálido de la compañía. Era feúcha, pero agradable. Rondaba la mediana edad. Tenía brillantes ojos mongólicos, nariz ancha, y tanto los labios como el color de piel eran café con leche, característico de su mezclada herencia racial. Entró en la habitación, con los movimientos relajados y concisos de una persona acostumbrada a la caída libre.

—Ah, sí. Me dijeron que quería hablarme. —Espero gentilmente a que ella se sujetara bien antes de estrecharle la mano.

Leo hizo un gesto en dirección al televisor.

—He tenido una interesante visión de las cargas orbitales que se realizan allí fuera. Me da la impresión que ése podría ser otro trabajo para sus cuadrúmanos.

—Seguro. Lo han estado haciendo desde hace casi un año. —Yei sonrió con satisfacción—. ¿De manera que no le parece tan difícil la adaptación a los cuadrúmanos? Eso es lo que sugería su perfil psíquico. Bien.



20 из 271