
Una mujer con la cara intensamente pálida se acercó corriendo al encargado y dijo que la niña era su hija, cosa que lo confundió porque había visto al hombre que la chica llamaba «papá» y sabía que su esposa estaba muerta en la cocina.
– Ha estado llamando a su papá, en esa casa.
– Ése no es su padre -dijo la mujer-. Su padre está muerto. Ese es su profesor de piano.
– De todas formas, ¿qué está haciendo aquí? -preguntó el encargado, en tono oficial-. Todavía no han dado la señal de que se podía salir…
La niña se zafó de su madre, corrió por el camino lateral de otra casa y se metió en el jardín, iluminado por las bengalas que seguían cayendo. Atravesó el patio amarillo y se lanzó contra los arbustos que crecían en la pared del fondo. Su madre fue tras ella. Las bombas no cesaban de caer, los antiaéreos seguían martilleando a lo lejos, en los terrenos municipales, y un enjambre de faros recorría el cielo negro de terciopelo. Su madre le gritaba, aullaba para hacerse oír sobre el ruido, chillaba de miedo mientras le suplicaba con fiereza que saliera.
La niña se quedó sentada con las manos en los oídos y los ojos cerrados. Tan sólo dos horas antes él la había cogido de las manos, le había dicho que estaba nerviosa como un gato, había acariciado cada uno de sus dedos y la había puesto derecha frente a ese mismo piano, y ella había tocado para él, había tocado de maravilla, de tal modo que después él le había dicho que había cerrado los ojos, se había alejado de Londres y de la guerra y había encontrado un prado verde bajo el sol, un lugar donde los árboles destellaban rojos y dorados mecidos por el viento otoñal.
La primera oleada de bomberos se alejó. Los antiaéreos se callaron. Todo lo que quedó en el aire frío de otoño fue el rugido de la conflagración y el silbido del agua sobre la madera ardiente. Salió a rastras de los arbustos. Su madre la agarró por los hombros y la sacudió adelante y atrás. La niña estaba tranquila, pero exhibía una expresión resuelta, con los dientes apretados y los ojos negros y ciegos a lo que la rodeaba.
