
Voss y Weber trabajaron o, más bien, Voss trabajó. Weber empezó a cabecear casi en el mismo momento en que se sentaron en la sala mal ventilada. Sólo las sacudidas de los músculos de su cuello lo despertaban e impedían que estampara la cara en la mesa. Voss le dijo que se fuera a la cama. Los ojos de Weber se hundieron en sus órbitas.
– Venga -insistió Voss-. De todas formas, esto ya está casi listo.
– Esas -dijo Weber, que se puso en pie y señaló cuatro cajas de archivos-, tienen que salir con el primer vuelo de la mañana… a Berlín.
– A menos que el vuelo de Moscú ya esté inaugurado, querrás decir.
Weber gruñó.
– Ya aprenderás -dijo-. Para mí ya es hora de volver a la celda del monje. Mañana va a ser duro. Siempre está de malas después de que Todt le dé su informe.
– ¿Por qué? -preguntó Voss, todavía despierto, todavía capaz de pasar una noche en vela por el Frente Oriental.
– El primer lugar donde uno pierde una batalla es aquí -dijo Weber, inclinándose sobre Voss y dándose unos golpecitos en la cabeza-, y Todt ésa la perdió en junio. Es un buen hombre y un genio, y eso es una mala combinación para esta guerra. Buenas noches.
Voss conocía a Fritz Todt, al igual que todo el mundo, como inventor de las Autobahnen pero en ese momento era mucho más que eso. No sólo dirigía toda la producción de armas y municiones del Tercer Reich, sino que él y su Organización Todt eran los constructores de la Muralla Atlántica y los fondeaderos de submarinos que protegerían a Europa de cualquier invasión. También estaba a cargo de la construcción y reparación de todas las carreteras y vías férreas de los territorios ocupados. Todt era el mayor ingeniero de la construcción de la historia alemana y aquel era el mayor proyecto de todos los tiempos.
Voss estudió el mapa de operaciones. La línea del frente se extendía desde el lago Onega, quinientos kilómetros al sudoeste de Arcángel, en el mar Blanco, a través de Leningrado y las afueras de Moscú hasta llegar a Taganrog, en el mar de Azov, junto al mar Negro. Desde el Ártico hasta el Cáucaso todo era territorio alemán.
