– Yo no soy Prudence -repuso Nora, sintiéndose herida. -Y… y quizá tenga una cita esta noche. No sé por qué resulta tan difícil de creer.

Pete le acarició suavemente la mejilla.

– Bueno, pues me temo que vas a tener que salir con un bonito ojo a la funerala como no te pongas un poco de hielo -se incorporó y le tendió la mano para ayudarla a levantarse. -Te traeré un poco del frigorífico. ¿Por qué no te sientas? Y no te lo toques. No tardaré.

Nora asintió y consiguió esbozar una sonrisa de agradecimiento mientras Pete salía a grandes zancadas del despacho. Los muchachos ya habían formado un pequeño grupo, dispuesto a acudir a su rescate.

– Prudence está bien -les dijo Pete. -Voy a buscar algo de hielo. Le he dado en el ojo.

El miedo paralizó las expresiones de sus compañeros de trabajo que se dispersaron rápidamente antes de verse implicados en aquel accidente. Pete agarró lo más parecido a un paquete de hielo que encontró en el frigorífico y corrió al despacho de Nora.

La encontró recostada contra el respaldo de su silla, con los ojos cerrados y las piernas estiradas.

– Toma -musitó Pete, inclinándose sobre ella y posando la mano en el respaldo de la silla. -Esto te ayudará.

Nora abrió los ojos y miró el paquete que le ofrecía.

– Pero si es un burrito congelado. Pete se encogió de hombros. -Alguien se olvidó de rellenar la bandeja del hielo.

Nora le quitó el burrito de la mano y se lo colocó cuidadosamente encima del ojo.

– Otra de las normas que incumplen en la oficina, dos en realidad. Se roba comida y se deja vacía la bandeja del hielo.

Pete le cubrió la mano con la suya y ajustó el burrito sobre el ojo. Un mechón errante escapó del moño de Nora y rozó la mano de Pete. Este fue acusadamente consciente de su suavidad.

– Sí, supongo que esa nota se habrá caído.



7 из 149