– Kasey, yo… pues… no sé qué decir, excepto que no debes besar a un chico sólo porque te apetezca. Pueden malinterpretarte.

– No te preocupes, sólo me apetece besarte a ti.

Greg masculló algo ininteligible.

– ¿Podemos hacerlo otra vez? -Greg retrocedió.

– ¡Kasey esto es una locura! Tu padre me torcería el cuello si se enterara.

– No tiene por qué enterarse -dijo Kasey con suavidad, al advertir un cambio en el tono de voz del joven y dándose cuenta de que comenzaba a ceder.

La segunda vez fue él quien la besó, movió los labios sobre los de ella con suavidad, con la lengua instó a la joven a que abriera la boca. Kasey se tensó antes de ceder con un suspiro. Aquello se parecía más al beso que había soñado y una deliciosa excitación aleteó en su estómago.

De repente, la intensidad del beso se tomó amedrentadora para la inexperta chica y Greg lo advirtió y se apartó.

– ¿Lo ves, Kasey? No puedes participar en juegos de adultos. Tienes que entenderlo -dijo él con tono de fastidio.

– Lo siento -murmuró la joven-. No es que no me haya gustado. Lo que pasa es que me he asustado. No estaba preparada -se sentía como una estúpida-. Supongo que no soy como el tipo de chicas a los que sueles besar, ¿verdad?

Greg la alzó la barbilla con un dedo.

– No pienses eso. Eres la chica ideal. Pero no adelantes los acontecimientos. Espera a crecer un poco más.

– ¡Pero se tarda tanto en crecer! -suspiró ella.

Greg sonrió.

– No tanto; ya verás -se puso de pie y le ofreció una mano para ayudarla a incorporarse-. Ya es hora de que volvamos. Y lo mejor será que olvidemos lo sucedido, ¿de acuerdo?

Ella lo miró a los ojos, diciéndole en silencio que eso sería imposible.

– A tu padre no le gustaría enterarse de lo que ha pasado -le dijo Greg-. De modo que nos controlaremos al menos durante unos años -le acarició la mejilla y ella no pudo descifrar la expresión de sus ojos-. Delante de los demás nos comportaremos como si no hubiera pasado nada. ¿Me entiendes?



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