
– ¿De verdad?
– Ya sabes que desde niña he deseado casarme contigo -dijo ella con una lánguida sonrisa, hundiendo los dedos en los cabellos rubios de su compañero.
Greg desvió rápidamente la mirada.
– ¿Grez? -Kasey frunció el ceño-. ¿Qué te pasa? Me… me quieres, ¿no?
– Lo sabes. Siempre te he querido.
Kasey se tranquilizó y cogió el rostro de Greg entre las manos.
– ¿Cuánto tiempo puedes quedarte? -Hizo una pausa y volvió a fruncir el ceño-. ¿Por qué le has dicho a todo el mundo que ibas a la feria de ganado? Sin duda…
Un frío terrible se apoderó de su corazón cuando Greg volvió a desviar la mirada, con expresión de culpabilidad.
– ¿Greg?
– Dejemos de hablar, Kasey -murmuró él-. Te deseo tanto…
Exploró con los labios los pechos femeninos y un relámpago de deseo sacudió a la joven; un relámpago de deseo que se desvaneció de inmediato cuando comprendió el significado del carácter furtivo de su visita.
– Greg… ¿qué…? -estaba asqueada-. ¿Tú y Paula estáis…? No has roto el compromiso con Paula, ¿verdad? -logró decir por fin, suplicándole con los ojos que desmintiera sus sospechas.
Greg no contestó; el sonido distante de un claxon en la calle pareció ensordecedor en el silencio reinante.
– ¿Has roto con ella, Greg?
Greg lo negó con la cabeza.
– Pero… -Kasey suspiró-, no entiendo nada.
– Kasey, tengo que casarme con Paula.
Kasey volvió a ponerse la camiseta para ocultar su desnudez.
– ¿Entonces a qué has venido, Greg? -logró preguntar con voz trémula por el dolor y la indignación.
– Porque tenía que verte; porque…
Kasey se levantó, se paró delante de Greg y le dirigió una mirada acusadora.
Greg se sentó lentamente y apoyó la cabeza entre las manos.
– Sigues comprometido con Paula… -Kasey se abrazó en un gesto de autoprotección instintiva-. ¡Pero has venido aquí y hemos estado a punto de hacer el amor!
