
Sir Toby se ajustó la toga y miró a su compañero de golf.
– Profesor Bamford -dijo, como si jamás hubiera visto al hombre-, con el fin de confirmar su experiencia, será necesario formularle algunas preguntas preliminares que tal vez le pongan en un aprieto, pero es de capital importancia que sea capaz de demostrar al jurado la relevancia de sus cualificaciones, pues afectan a este caso en particular.
Harry asintió con semblante serio.
– Usted, profesor Bamford, se educó en la escuela de segunda enseñanza de Leeds -dijo sir Toby, mientras miraba al jurado, compuesto en su totalidad por habitantes de Yorkshire-, donde consiguió una beca para estudiar leyes en el Magdalen College de Oxford.
Harry asintió de nuevo.
– Exacto -dijo, en tanto Toby echaba un vistazo a su informe, un gesto innecesario, pues ya había repetido esta rutina con Harry en anteriores ocasiones.
– Pero no aceptó esta oportunidad -continuó sir Toby-, y prefirió pasar sus días de estudiante universitario no graduado aquí en Leeds. ¿Es eso cierto?
– Sí-dijo Harry.
Esta vez, el jurado asintió con él. No hay nada más leal u orgulloso que un ciudadano de Yorkshire en lo tocante a cosas de Yorkshire, pensó sir Toby con satisfacción.
– Cuando se graduó en la Universidad de Leeds, ¿puede confirmar para que conste en acta que lo hizo con matrícula de honor?
– En efecto.
– ¿Y le ofrecieron una plaza en la Universidad de Harvard para hacer un máster, y a continuación un doctorado?
Harry se inclinó levemente y confirmó que así era. Tuvo ganas de decir: «No dejes de marear la perdiz, Toby», pero sabía que su viejo amigo iba a explotar los siguientes minutos por la cuenta que le traía.
– Y para su tesis doctoral, ¿escogió el tema de las armas de fuego en relación con los casos de asesinato?
