– No se preocupe -dijo él secamente-. No nos teníamos mucho afecto. Cuando fui lo bastante mayor para darme cuenta de cómo vivía, no volví a aceptar un céntimo suyo. Lindy, en cambio, dependía de él. Me imagino que completamente. Y, ahora que él ha muerto, la han echado del apartamento.

– Ya veo -Wendy volvió a mirar hacia el coche. Y en su mirada había una pregunta.

Él la captó inmediatamente. La comprensión brilló en sus ojos y, con ella, la cólera.

– Soy agente de bolsa -exclamó, adivinando lo que Wendy estaba pensando-. Soy rico, desde luego, pero me gano la vida honestamente. No tengo nada que ver con mi padre.

– ¿Y no piensa ayudarla? ¿A…? ¿Cómo ha dicho que se llama? ¿Lindy?

– Pero si ni siquiera me ha dado la oportunidad de hacerlo -exclamó él-. Aunque estuviera dispuesto a mantener a la amante de mi padre, que no lo estoy, ella no me lo ha pedido. Yo estaba fuera del país cuando mi padre murió, y no tenía ni idea de que Lindy existía. Hacía años que no tenía contacto con él. Yo pagué el funeral y pensé que eso era todo. Pero hoy…

– ¿Hoy?

– Lindy me conocía -dijo él agriamente-. Tal vez mi padre le habló de mí y luego ella me buscó. El caso es que esta mañana me he encontrado a la niña en la puerta, con su cestita. Lindy ha dejado una nota en la que dice que solo la tuvo porque mi padre la convenció. Pero ahora no tiene dinero y no quiere cargar con una hija. Así que, se ha ido. La nota decía que la niña es toda mía.

Wendy lo miró por encima de la mesa y él le sostuvo la mirada. Líbreme de este problema, suplicaban sus ojos.

Y esos ojos… los ojos de su padre… podían persuadir a una mujer para hacer cualquier cosa, pensó ella. Habían persuadido a una joven para tener una hija que no quería tener. Y podían persuadirla a ella para…¡No! Debía mantenerse firme.

Los lazos de sangre eran el vínculo más importante para un bebé, y Wendy lo sabía. Le habían repetido esa idea una y otra vez a lo largo de su carrera como trabajadora social. Mantener los lazos familiares a toda costa. Reemplazar esos lazos solo si el niño estaba en peligro.



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