
Erin tenía veintitantos años, al igual que Wendy, pero, a diferencia de esta, era rubia, nerviosa y parecía extraordinariamente complacida con la vida. Sonrió a Wendy y levantó las manos en señal de disculpa.
– Siento llegar tarde. Debías de estar aterrorizada. ¿Pero qué demonios es eso? ¡Menudo coche! Es fabuloso. Nunca había visto uno igual. ¿No me digas que has encontrado a alguien que te lleve a Sidney? ¿Pero dónde vas a meter las maletas? Ahí no caben… -se interrumpió para tomar aliento y, al darse cuenta de que Wendy no estaba sola, dirigió una enorme sonrisa a Luke-. Ah, hola… Lo siento… -entonces reparó en el bebé. Su efervescencia se desvaneció y miró a Wendy con ojos inquisitivos.
Erin también era cuidadora, y las cuidadoras tenían sus normas. Entre ellas, no interrumpir. Las mesas de cocina de los hogares que componían el Orfanato de Bay Beach contemplaban auténticas tragedias emocionales, y tanto Wendy como Erin estaban entrenadas para afrontarlas. Y también para desaparecer cuando la situación lo requería.
– ¿Quieres que salga y saque a los niños del coche? -preguntó, dirigiéndose a la puerta-. Craig está haciendo todo lo posible por quitar el freno de mano.
– No -dijo Wendy, sacudiendo la cabeza como si saliera de un sueño. Aquel ya no era su trabajo. Ya no-. Tengo que irme -dio a Gabbie un rápido abrazo, la dejó en el suelo y se levantó-. Señor Grey, esta es Erin Lexton, la nueva cuidadora del hogar. Erin, este es el señor Luke Grey, y esa pequeñina es su medio hermana -se quedó de pie, mirándolos, y luego se inclinó sobre el bebé dormido-. Por cierto, no me ha dicho si su hermana tiene nombre.
– Grace -dijo Luke, levantándose también-. Se llama Grace.
– Un nombre muy bonito -dijo Erin, captándolo todo con su inteligente mirada-. ¿Su… medio hermana, ha dicho Wendy?
