– En esa casa no vive nadie desde hace veinte años -dijo Wendy, aturdida-. Nadie sabía por qué.

– Pues ya lo sabemos -dijo Erin, exultarte-. ¿No es increíble?

– ¿Está habitable?

– Sí, creo que sí -una sombra de incertidumbre cruzó los ojos de Luke-. El granjero que usa los pastos se en carga de arreglar el tejado.

– Eso no significa que esté habitable.

– Oh, por Dios, Wendy -exclamó Erin-. Tú podrías arreglarla.

– ¿Mientras me ocupo de un bebé y de una niña de cinco años? -Wendy sacudió la cabeza-. Señor Grey…

– Luke.

– Luke -le sostuvo la mirada fríamente. En apariencia, aquella oferta era demasiado buena para rechazarla, pero debía pensar en Gabbie-. ¿El trato incluiría a Gabbie? -preguntó-. ¿Dispondría de la granja y Gabbie podría quedarse conmigo?

– La casa tiene cinco habitaciones -dijo él, sintiendo que su problema se disolvía rápidamente. Aquello iba cada vez mejor. Llevaba años resistiéndose a vender la gran ja. Por sentimentalismo, suponía, aunque se decía a sí mismo que era una inversión razonable. Y, ahora, Wendy iba a ocuparse de ella… a convertirla en un hogar…

– ¿Estaría dispuesto a firmar un acuerdo legal? -preguntó ella.

– Por supuesto -respondió él-. Tengo que irme a Nueva York esta noche, pero le enviaré a mi abogado desde Sidney. Le diré que se encargue de todo.

Wendy parpadeó, incrédula. Tenía que haber alguna pega. En alguna parte.

Contempló al bebé dormido en brazos de Luke. trace. trace y Gabbie. Se ocuparía de dos niñas peque¡las… Aquello podía ser perfecto. Así, cuando la madre de Gabbie quisiera pasar una temporada con su hija, su vida no se quedaría vacía. Seguiría haciendo lo que más le gustaba, y Gabbie tendría un hogar al que volver.

Pero en la granja no vivía nadie desde hacía muchos años. Y la madre del bebé podía volver en cualquier momento y reclamar a su hija. La había abandonado esa misma mañana. Era razonable suponer que cambiaría ¡ir opinión y, entonces, ¿qué sería de Gabbie y de ella?



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