
¡No! Había peligros allí donde mirara, y, si no tomaba el tren, no llegaría a tiempo de recoger las llaves de su nuevo apartamento. Lo perdería y se quedaría sin alojamiento en Sidney.
Por otra parte, si aceptaba y se llevaba a las dos pequeñas a una granja desolada y Luke se marchaba aquella noche a Nueva York… Estaría atrapada, pensó sombríamente. Podía encontrarse metida en un atolladero, y no solo ella. También estarían Gabbie y'Grace. No tenía derechos legales para hacerse responsable del bebé. Y tampoco sabía si Luke los tenía. Probablemente, no. Así que, tenía que decirlo.
– No -dijo con firmeza, y se mordió el labio cuando se oyó a sí misma. Era una idea tan tentadora… Pero debía ser sensata.
– ¡Wendy! -exclamó Erin.
– ¿Puedo preguntar por qué? -dijo Luke en tono profesional, poniendo en marcha su capacidad de organización-. Es una oferta muy ventajosa.
– Puede que sí -dijo ella-. Pero si la granja está en ruinas, no lo es tanto. Y tampoco lo es si me acusan de llevarme a Grace sin tener derecho legal para ocuparme de ella. Imagino que no ha pensado usted en las complejidades legales de su situación, ¿verdad?
Él palideció. Evidentemente, no había pensado en ello.
– No.
– Entonces, le agradezco mucho su amable oferta -dijo ella con firmeza-, pero no puedo aceptarla. A menos que…
– ¿Qué?
– A menos que posponga su viaje y pase con nosotras el tiempo necesario para asegurarse de que la granja esté habitable. No se vaya a Nueva York hasta que todo esté legalmente aclarado y yo esté segura de que las niñas tienen un buen lugar donde vivir tranquilas.
A él no pareció gustarle la idea. Durante los siguientes diez minutos, sacó todos los argumentos que se le ocurrieron para hacerle cambiar de opinión. Pero Wendy tomó a Gabbie de la mano y salió de la habitación.
