
– Eh, yo soy agente de bolsa -dijo Luke, alarmado, adivinando lo que ella tramaba-. No limpiador.
– Y yo soy trabajadora social, y Gabbie es una niña de cinco años bajo custodia del estado. Pero, desde este momento, todos somos limpiadores. La necesidad manda, señor Grey. Gabbie, vamos a elegir una habitación para ti, y la limpiaremos de arriba abajo. Porque la habitación de Gabbie es la más importante de la casa.
– ¡Eh!
– ¿Sí? -Wendy alzó las cejas amablemente-. ¿No le parece bien?
– Podemos pagar a alguien para que venga a limpiarla.
– Esta noche, no. Nosotros somos los limpiadores. Si quiere que convirtamos esto en un hogar, tendrá que esforzarse un poco.
– No voy vestido para limpiar -miró su chaqueta de cuero y sus pantalones inmaculados.
Wendy sonrió.
– ¿Y tiene ropa de limpiar en su casa? Vamos, Luke Grey. Sorpréndame. Dígame que tiene monos viejos manchados de pintura en el garaje… para esas chapuciIlas que hace los fines de semana.
El puso una media sonrisa.
– Bueno, tal vez no.
– Y esa ropa que lleva no es la mejor que tiene, ¿a que no?
Luke pensó en sus trajes de diseño.
– ¡Demonios, claro que no!
– ¿Lo ve? Podría haber sido peor -dijo ella alegremente, colocando con cuidado el capazo de Grace sobre un butacón cubierto de polvo y cubriéndolo con un chal-. Bueno, ya está. Su hermanita está plácidamente dormida, y a los demás nos toca trabajar. La habitación de Gabbie, lo primero.
– Pensaba que… -Luke estaba tan asombrado que apenas podía hablar-… la cocina, tal vez…
– Tenemos dos niñas, Luke Grey -dijo ella suavemente-. Hay que establecer las prioridades. Hay que hacer fuego… fuera, creo, porque apuesto a que la chimenea está bloqueada, y necesitamos agua caliente. Hará falta uña persona valiente para encender el fogón de la cocina, y quizá yo no sea la persona adecuada. Al menos, esta noche no. Y si yo no tengo suficiente valor, estoy segura de qué usted tampoco. ¡Irnos a un hotel! Cielos, qué estupidez. Bueno, Luke. Bueno, Gabbie. Hagamos de esta casa un lugar habitable.
