Este miró inquisitivamente a una y a otra. Hacían una buena pareja,, pero no se parecían en nada. Wendy tenía unos lustrosos rizos negros, recogidos descuidadamente en un moño suelto del que se escapaban mechones desordenados. Era alta: tal vez un metro setenta, o más. Tenía la piel morena, los ojos grises, una cara amplia y agradable y, aunque nadie se hubiera atrevido a llamarla gorda, era agradablemente rellenita. Con su falda floreada y su delicada camisa blanca, parecía salida de un cuento celta. Tenía un aire competente, amable y maternal.

Cuando acabó de examinar a Wendy, el hombre miró a la niña. Se parecían muy poco.

La pequeña tenía un pelo increíblemente rojo, atado en dos cortas trenzas. Su naricilla chata era opuesta a la de Wendy, y sus ojos eran de un verde profundo e insondable. Las pecas resaltaban sobre su cara demasiado blanca. Tenía una fina estructura ósea, y no habría podido ser más distinta de Wendy aunque lo hubiera intentado.

No eran madre e hija, pareció concluir aquel hombre. Había ido al sitio adecuado. Su sonrisa volvió a aparecer cuando miró a Wendy. No era su tipo de mujer, pero era lo quee necesitaba en ese momento. Junto con la sonrisa, pareció retornarle la confianza.

– Usted forma parte del orfanato -declaró.

– Sí -Wendy apoyó las manos en los hombros de Gabbie. La niña se pasaba nerviosamente el pulgar de un lado a otro de la boca. Tenía miedo de todo, y su principal temor era que la apartaran de su querida Wendy. Por desgracia, no era un temor infundado-. Esto es un hogar infantil. Pero, en respuesta a su pregunta… -respiró hondo-. ¿Ha preguntado si aquí se dejan bebés? -arrugó el ceño. Le dieron ganas de cerrar la puerta en su atractiva cara, pero sabía que no podía hacerlo si había un niño implicado-. ¿Tiene un bebé?

– Bueno, sí -dijo el hombre, como pidiendo disculpas. Sonrió otra vez-. Puedo traerla, ¿verdad?

Wendy lo siguió hasta el coche y, con Gabbie todavía colgada de su falda, esperó mientras él extraía un fardo del asiento de atrás. El bebé, metido en un capacho, estaba al menos arropado convenientemente. En su trabajo, Wendy había visto niños metidos en cajas de cartón, en cajones de oficina… en cualquier cosa.



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