
– ¿De verdad? -fingió.
– Sí. Y vuelve a estar soltero -observó la anciana, guiñándole un ojo-. ¿Y tú, Gracie? ¿Hay alguien especial en tu vida?
– No, pero en estos momentos está muy ocupada con mi trabajo y…
– Es el destino -dijo Eunice antes de que pudiera terminar la frase-. Eso es. El destino os ha reunido a los dos para daros una segunda oportunidad.
Gracie sabía que preferiría que la dejara desnuda en un hormiguero antes de volver a tener nada que ver con Riley Whitefield. En lo que a él se refería, ya había tenido más que suficientes humillaciones. Además ¿qué torturas estaría él dispuesto a soportar para evitar tener que ver nada con ella?
– Es un pensamiento muy bonito, pero no creo que…
– Podría ser que él aún siguiera sintiendo algo por ti.
Gracie se echó a reír.
– Señora Baxter, Riley me tenía pavor. Si me viera ahora, saldría corriendo en la dirección contraria.
– Algunas veces, un hombre necesita un empujoncito…
– Algunas veces, un hombre necesita que lo dejen en paz.
Aquello era exactamente lo que Gracie tenía intención de hacer. Nada de ir detrás de Riley. De hecho, pensaba evitarlo a toda costa. Si se encontraban por casualidad, ella se mostraría cortés y distante. Tal vez ni siquiera lo reconocería. Los sentimientos que había albergado en el pasado por Riley habían muerto. Estaban muertos y enterrados. Gracie pasaba de él.
Además, era una mujer completamente diferente. Amable y madura. Sus días de acosadora habían pasado a la historia.
– ¿Quién era ésa? -le preguntó Vivían cuando entró en la cocina-. ¿Te ha provocado una encerrona la señora Baxter para que hables con ella?
– Sí -respondió Gracie, dejando el periódico en la encimera y tomando a continuación un sorbo de café-. Te juro que es como si me hubiera marchado de la ciudad la semana pasada en vez de hace catorce años.
– Las personas mayores perciben el tiempo de un modo muy diferente -comentó Vivían mientras se sacudía los rizos rubios y bostezaba-. En primer lugar, se levantan demasiado temprano. Mamá se marchó de aquí antes de las siete.
