– Siento haberlo sobresaltado -dijo Gracie con un hilo de voz-. Puedo explicarme.

Se dio la vuelta muy lentamente. Entonces, vio al hombre que la estaba apuntando lo mismo que él la vio a ella. Los dos se sobresaltaron. Gracie deseó que se la tragara la tierra, pero el hombre pareció haber visto a un fantasma.

– Dios Santo -susurró Riley Whitefield-. Gracie Landon. ¿De verdad eres tú?

Capítulo 2

Como el suelo parecía estar tardando demasiado tiempo en tragársela, Gracie empezó a desear que un enorme dinosaurio apareciera de repente para tragársela entera, que los alienígenas fueran a abducirla. Aceptaría de buen grado que los extraterrestres se la llevaran con tal de no estar allí delante del hermoso rostro de Riley Whitefield. Incluso soportaría los experimentos médicos sin rechistar.

No lo había visto desde el verano en el que ella cumplió catorce años. Entonces, él tenía dieciocho años y estaba atrapado en aquel estado de medio adolescencia y medio madurez que resultaba tan atractivo e incómodo a la vez. Había crecido, había engordado un poco, se había puesto más guapo y había adquirido un aspecto algo más peligroso. Sin embargo, la incredulidad que se le adivinaba en los ojos hacía que Gracie quisiera morirse allí mismo.

– Puedo explicártelo -dijo. Entonces, preguntó si de verdad podría hacerlo. ¿Sería capaz dé encontrar las palabras que lo convencieran de que no seguía siendo una acosadora a la que acababan de soltar de una institución mental?

– ¿Gracie Landon?

Ella notó que Riley había bajado el arma. Era algo.

– Esto no es lo que te estás pensando -dijo ella, dando un paso atrás. Tal vez sería mejor para los dos que ella simplemente desapareciera. ¿Dónde estaba su hermana? Era típico que Alexis desapareciera cuando las cosas se ponían feas. Siempre dejaba que Gracie cargara con el peso de sus actos.

– ¿No estabas rondando mi casa y tomando fotografías?



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