
Una vida así hubiera tenido yo, si no hubiera sido por Sunny Sawman, pensó Fawn sombríamente, mientras volvía a la recta carretera. La hubiera aceptado por Sunny Sawman, y nunca hubiera pensado en otra.
Bueno, ahora he pensado en otra, y no voy a dejar de pensar en ella. Vamos a ver Glassforge.
De nuevo evocó la desgastada furia que sentía hacia Sunny, el rastrero, estúpido, malvado… estúpido bobo, y dejó que le enderezara la espalda. Era bueno saber que era útil para algo, de algún modo. Se volvió hacia el sur y echó a caminar.
Capítulo 2
Las hojas del año anterior estaban húmedas y podridas bajo sus pies, y mientras Dag trepaba por la empinada pendiente en la oscuridad, su bota resbaló. De inmediato, una mano fuerte y preocupada asió su brazo derecho.
—Haz eso otra vez —dijo Dag en un susurro agradable—, y te dejaré inconsciente de una paliza. Deja de intentar protegerme, Saun.
—Lo siento —susurró Saun, soltando la presa. Tras una pausa, añadió—: Mari dice que ya no te pone con las chicas porque tú eres el sobreprotector.
Dag se tragó una maldición.
—Bueno, eso no te atañe. Inconsciente. Y ensangrentado.
Intuyó el destello de la sonrisa de Saun en las sombras del bosque. Treparon unas pocas yardas más, encontrando asideros entre las rocas y raíces y arbolillos.
—Para —musitó Dag.
Una pregunta casi inaudible a su derecha.
—Estaremos sobre ellos en la cresta. Lo que puedes ver te puede ver a ti, y si hay algo ahí arriba con sentido esencial, parecerás una antorcha entre los árboles. Bájalo, chico.
Un gruñido de frustración.
—Pero no puedo ver a Razi ni a Utau. Apenas te veo a ti. Pareces una brasa bajo un puñado de cenizas.
