—Perdona, señorita… ¿sabes lo que significa «viuda del heno»?

—Viuda reciente —dijo enseguida, y dudó—. Una vez vino una mujer a nuestro pueblo desde Glassforge. Se instaló como costurera y haciendo cuerdas y redes. Tenía un niño precioso. Mis tíos la llamaban viuda del heno —otra pausa demasiado silenciosa—. Es correcto, ¿no?

Él se rascó la maraña de su pelo oscuro.

—Bueno… sí y no. Es un término de granjeros para una mujer embarazada o con un hijo a cuestas, pero sin marido a la vista. Es más educado que, hum, términos menos educados. Pero no es del todo amable.

Fawn se sonrojó.

—No quería avergonzarte —dijo él con tono todavía más contrito—. Sólo pensé que debía asegurarme.

Ella tragó saliva.

—Gracias. —Parece que dije la verdad a mi pesar.

—¿Y tu hijita? —dijo él.

—¿Qué? —dijo Fawn bruscamente.

Hizo un gesto hacia ella.

—La que llevas.

Puro pánico le cortó el aliento. ¡No se me nota! ¿Cómo lo sabe? ¿Y cómo sabía, de todos modos, si el fruto de ese estúpido, estúpido y profundamente resentido frenético revolcón con Sunny Sawman en la boda de su hermana en primavera iba a ser niño o niña, de todos modos?

Él pareció darse cuenta de que había cometido un error, sin saber muy bien cuál. Su gesto vaciló, convirtiéndose en un gesto serio, con la mano abierta.

—Fue lo que atrajo al hombre de barro. Tu estado. Es casi seguro la razón por la que se te llevaron. Si la violación pareció improvisada, es porque probablemente lo fue.

—¿Cómo puedes… qué… por qué?

Sus labios se abrieron un momento, y luego cambió visiblemente lo que iba a decir a:

—Ahora ya no te pasará nada —recogió las telas.

Cualquier otro hubiera anudado las esquinas, pero él las rodeó con un trozo de cuerda que de algún modo consiguió anudar con una mano.



31 из 331