Para cuando se hubieron aclarado con la definición de viuda del heno, él estuvo seguro de que no tenía que ofrecerle condolencias. Las costumbres de cama de los granjeros no tenían mucho sentido, a veces, a menos que uno creyera las teorías de Mari sobre la confusión de sus embarazos con la idea de que poseían la tierra. También dedicaba comentarios bastante ácidos a la falta de control de las granjeras sobre su propia fertilidad.

Generalmente junto a sermones a los patrulleros jóvenes de ambos sexos sobre la necesidad de mantener los pantalones abrochados mientras estuvieran en territorio de granjeros.

A los patrulleros viejos, también.

Había una llamativa ausencia de detalles sobre un marido muerto en la narración de Fawn. Dag podía entender que la pena a veces dejara a alguien sin palabras, pero la pena también parecía faltarle. Cólera, miedo, una tensa determinación, sí. Los efectos del terrible ataque que acababa de sufrir. Soledad y nostalgia. Pero no la angustia de un alma partida en dos. También faltaba, extrañamente, la profunda satisfacción que la procreación solía provocar en las mujeres Andalagos que había conocido. Granjeros, bah. Dag sabía por qué su propia gente estaba un poco loca, pero ¿qué excusa tenían los granjeros?

Salió de su ensimismamiento cuando dejaron los bosques y vieron la granja del valle. De inmediato se sintió inquieto. Lo primero que le llamó la atención fue la ausencia de vacas, caballos y cabras; luego, la cerca del prado, rota. Después, la ausencia de perros de granja, que ya deberían estar ladrando irritantemente a su caballo. Se puso de pie en los estribos mientras cabalgaban por el camino. La casa y el granero, ambos de tablas de madera gris, estaban en pie —y abiertos—, pero una hebra de humo se alzaba de las cenizas y escombros de una caseta.

—¿Qué pasa? —preguntó Fawn, las primeras palabras que había pronunciado en una hora.

—Problemas, me parece —dijo él, y añadió al cabo de un momento—: Problemas que ya han pasado. —No había nada humano hasta donde Dag podía percibir; ni tampoco nada inhumano—. Este lugar está completamente desierto.



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