Debería reservar sus fuerzas para mejor oportunidad.

¿Qué fuerzas? ¿Qué oportunidad?

La luz cálida y firme de la tarde de verano dejó paso abruptamente a sombras grises y al fresco aroma de tierra y roca.

Cuando su captor la bajó, tuvo una mareante impresión de una cueva o un nicho medio lleno de pilas de basura. O suministros para la guerra, era difícil decirlo. Luchó contra las sombras oscuras que pasaban ante su vista y se quedó de pie, parpadeando.

Dos más de los hombres-animales se levantaron como para saludar a sus tres escoltas. Se preguntó si iban a caer sobre ella y destrozarla como una jauría de perros devorando un conejo. Aunque no estaba totalmente segura de que el más bajito del centro no hubiera sido un conejo, una vez.

La voz dijo:

Traedla aquí.

Las palabras sonaban más claras que el farfullar de los hombres de barro, pero el tono le hizo sentir que sus huesos se fundían. De pronto no pudo obligarse a mirar hacia la fuente del horrible sonido. Parecía arrancarle a tiras la mente. Por favor déjame ir por favor déjame ir déjamedéjame…

El hombre-oso la cogió por los hombros y la llevó medio en volandas medio a rastras hasta el fondo de la cueva, un corte largo y poco profundo en la ladera. Y la puso frente a frente con el origen de la Voz.

Podía haber sido un hombre de barro, más grande, más alta, más ancha. Su forma era bastante humana, una cabeza con dos ojos, nariz, boca, orejas… Torso ancho, dos brazos, dos piernas. Pero la piel no era ni siquiera como la de un animal, mucho menos como la de un humano. Le hizo pensar en lagartos e insectos y polvo de piedra apelmazado con guano. No tenía pelo. El cráneo desnudo tenía una leve cresta. Estaba desnuda, al parecer inconsciente de ello; los extraños abultamientos de su entrepierna no parecían los genitales de un hombre, ni los de una mujer. No se movía bien, como si fuera la escultura de barro de un niño que hubiera cobrado movimiento, no una criatura viva de hueso y tendón y músculo.



49 из 331