– Creo que, si yo fuera padre, dudaría en traer a mis hijos aquí.

– Sí. Yo también. -Quentin frunció el ceño al mirar a Nate McDaniel y a otro policía local, que estaban hablando con un hombre muy alterado cerca de la escalinata del hotel.

– ¿Y sigues viniendo aquí para descubrir por qué este sitio parece… maldito?

Quentin no puso reparos a la terminología.

– Como tú has dicho, a la mayoría de los policías no nos gustan los misterios.

– Sobre todo, si te atañen personalmente.

El ceño fruncido de Quentin se convirtió en una mirada torva, pero no contestó a aquello, ya que McDaniel se volvió y echó a andar hacia ellos, indicándoles con un gesto de la cabeza que se reunieran con él.

– Según el padre -les dijo-, la niña no es de las que se van por ahí. La madre estaba pasando el día en el balneario, así que él se había quedado con la niña. Esta mañana fueron a montar a caballo y luego fueron de comida campestre a la rosaleda. Pero la cesta que les dio el hotel no tenía la bebida favorita de la niña, así que el padre fue a buscarla. Dice que no se ausentó ni cinco minutos, aunque seguramente fueron casi diez. Cuando volvió, la manta seguía en la hierba, pero ella había desaparecido.

McDaniel suspiró.

– La mitad del personal del hotel la está buscando, pero tardaron al menos una hora en llamarnos.

– Entonces, ¿han buscado ya en los terrenos más cercanos al edificio? -preguntó Bishop.

– Eso dicen. -McDaniel le miró-. Sé porqué viene por aquí Quentin de vez en cuando, pero ¿qué me dice de usted, Bishop? El jefe dice que ha venido a hablar con Quentin, pero que tal vez esté dispuesto a ayudarnos a salir de ésta.

– Siempre estoy dispuesto a ayudar a buscar a un niño -respondió Bishop-. ¿Vio alguien a la niña después de que el padre la dejara en el jardín?

– Nadie con quien hayamos hablado, de momento. Y había más gente de excursión comiendo en otras partes del jardín. Es tradición en El Refugio, sobre todo en verano, como ahora. Pero todos los demás eran parejas, y supongo que estaban demasiado entretenidos para prestar atención a una niña que pasara por allí.



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