
– Y después, encarga un ramo de flores para la mujer de Brian…
– Ya lo he hecho. Ned Gresham va a hacer su turno – dijo Karen. No era una chica Garland, pero era tan eficiente como ellas. Daniel recordó entonces la sonrisa de Mandy y sus largas piernas. En ese aspecto, Karen no se parecía nada, afortunadamente. Una mujer sexy en un garaje lleno de hombres hubiera sido una complicación-. ¿Le digo que vaya a buscar a la cliente de Knightsbridge a las cinco? – preguntó. No le dijo: «ahora que ha venido tu hija». No tenía que hacerlo.
Daniel se dio cuenta de que tendría que perder la oportunidad de volver a ver a Mandy Smith. Pero no dejaría que Ned Gresham fuera a buscarla. Con su aspecto de atleta, solía encantar a las mujeres y la idea de que flirtease con Mandy…
– No. Que vaya Bob.
– Guapa, ¿eh? – rio Karen, a través del intercomunicador.
– Relaciones públicas, Karen. Sé simpático con la secretaria y te ganarás a su jefe.
– ¿Tan guapa es?
– No me he fijado – contestó él. La mentira fue recompensada con una carcajada de su secretaria. Daniel se volvió para mirar a su hija, recordando lo guapa que era de niña e imaginando la hermosa mujer en que se convertiría cuando dejara de hacerse daño a sí misma-. Vamos.
– No pienso volver al internado – dijo Sadie, obstinada.
– No voy a llevarte al internado, pero tampoco pienso dejar que hagas lo que quieras en Londres. Si no quieres volver al colegio, tendrás que buscarte un trabajo.
– ¿Un trabajo? – repitió ella, sorprendida. Sadie había pensado que tenía la sartén por el mango, pero se daba cuenta de que no era así.
– Si dejas el colegio, tienes dos opciones. Una de ellas es trabajar para mí. Aunque también puedes ir a la oficina de empleo, a ver si te ofrecen algo.
– ¿Y cuál es la otra opción?
– Que llames a tu madre y le digas que te vas a vivir con ella – contestó Daniel. Lo último que quería para su hija era que viviera una existencia vacía y frivola como la de Vickie, pero tenía que ofrecerle esa posibilidad-. Supongo que ella no te obligarfa a trabajar – añadió. La respuesta de Sadie no dejaba dudas sobre sus sentimientos. El desprecio que sentía por su madre hubiera encogido el corazón de cualquiera-. ¿No? Muy bien, no es demasiado tarde para que cambies de opinión.
