
– Entonces, ¿es en serio? ¿Vas a tener un niño de verdad?
Amanda Garland Fleming era una mujer independiente desde los dieciocho años y nunca había lamentado una sola de sus decisiones. Establecida como una mujer de negocios de éxito, había decidido hacer cambios en su vida. Uno de ellos era ampliar su famosa agencia de contratación de secretarias, pero había algo más.
– Estoy haciendo planes.
– ¿Planes?
– Has oído hablar de la planificación familiar ¿verdad? – sonrió Amanda. Todo iba a ser muy sencillo. Quería tener un hijo y, a punto de cumplir treinta años, era hora de hacer lo que a ella se le daba mejor. Planificar algo, ponerlo en marcha y conseguir su objetivo. Nunca había necesitado un hombre para nada y los avances de la ciencia aseguraban que tampoco lo necesitaría para ser madre.
La expresión de Beth, sin embargo, sugería que ella no estaba de acuerdo.
– Hablas de tener un hijo como si fuera un paso más en tu carrera. ¿Tú sabes las responsabilidades que trae consigo la maternidad?
– Sí. Por eso estoy haciendo planes. Estoy dándole vueltas al asunto de la niñera.
– ¿Niñera?
– ¿Tienes idea de lo difícil que es encontrar buenas niñeras? Mi cuñada no dará a luz hasta enero, pero ya está haciendo entrevistas. Por cierto, esa es un área que necesita urgentemente los servicios de la empresa Garland.
Beth aprovechó la oportunidad para cambiar de conversación.
– Amanda, tenemos más trabajo del que podemos controlar solo con la formación y contratación de secretarias – se quejó. Amanda la miraba sin decir nada-. Necesitaríamos una oficina más grande, más personal…
– Las oficinas del piso de abajo quedarán libres dentro de un mes.
– Es un mercado especializado…
El intercomunicador conectado con recepción sonó en ese momento.
– El chófer quiere saber cuánto tiempo tiene que esperar, señorita Garland. El policía ya le ha llamado la atención.
