
Finalmente, y lo más importante, este libro no constituye un examen detallado del asesinato de Amy Wilson. La serie de artículos que redacté para el St. Louis News, y la obra que escribí para The New Yorker basada en los artículos del News me han dejado suficientemente exhausto en esos temas. Tampoco pretendo rebatir los recientes ataques a mi «carácter» (lean lo que sigue y les prometo que se forjarán una idea muy clara), pero mis numerosos defectos no cambian en lo más mínimo los hechos del caso.
Bien, hasta ahora hemos visto de qué no trata el libro. ¿De qué trata? Del lunes 17 de julio del pasado año, un día brutalmente caluroso, y de lo que ocurrió ese día, el día en que Frank Beachum fue empujado a la sala de la muerte en la Penitenciaría de Osage.
Posiblemente el lector se pregunte por qué, cuando hay temas que tratar tan importantes como la pena de muerte, la ley y el asesinato, se me antoja narrar una historia tan simple y una historia (la de las últimas horas antes de la ejecución de un convicto) tantas veces contada tanto en el periodismo como en la ficción. En parte se debe al hecho de que es una historia real, yo estaba allí y me pagaron por ello. Pero también, en ese día, en esas horas y en esas circunstancias, fui testigo de una confrontación importante entre un grupo de personas, sus ideas, sus teorías, sus sentimientos y sus percepciones, y una realidad externa indiscutible: la Muerte, destructora de mundos, la alegre devoradora de nuestras filosofías.
