
Por consiguiente, como comentaba, he intentado entender las ideas y percepciones de tantos participantes en este drama como he podido a fin de mostrar cómo se les ponía a prueba. Evidentemente, Frank Beachum era entre todos el rey. Era él, con su fe en la cristiandad tradicional y sus nociones anticuadas sobre la humanidad, quien fue llevado directamente al crisol. Pero también su mujer, Bonnie, el alcaide, Luther Plunkitt, su confesor, Harlan Flowers, políticos y abogados y periodistas diversos… y yo, por supuesto, por último y, a mi conocer, el menos importante.
Una vez más, corresponderá al lector decidir cómo cada uno de nosotros hicimos frente a nuestra confrontación de medianoche con el innegable.
Deseo agradecer a todas las personas que tan generosamente accedieron a entrevistarse conmigo para este libro, tanto las mencionadas en el texto como las demás, demasiado numerosas para nombrarlas, pero que ayudaron a comprender la situación.
Quisiera dar las gracias a mi agente, Barney Karpfinger, por su inagotable apoyo.
Así mismo, expreso mi agradecimiento a la Ford Motor Company.
Steven everett
Primera parte
EN LA CURVA DEL MUERTO1
