«Me siento atraído por ti. Para ser sinceros, atraído es decir poco. Más bien, podría llevarte a un paraíso solitario y hacerte el amor durante semanas».

– Tengo que olvidarme de ti, Raúl -susurró con angustia-. Tengo que hacerlo porque, de lo contrario, no sé qué vaya hacer para seguir viviendo.

Se secó las lágrimas con el reverso de la mano y se lanzó a practicar escalas con ferocidad intentando quitarse a un tal doctor Cárdenas de la cabeza.


Los cubículos de la escuela Juilliard estaban llenos de estudiantes. En cuanto entró en el edificio, la música lo acompañó. Miró los nombres que figuran en las placas de las puertas, pero hasta el momento, no había podido encontrar el que estaba buscando.

Si él no podía encontrar a Heather, nadie podría tampoco. Era fruta prohibida. Su padre no permitiría que tuviera una relación con ella. Le había quedado claro por la conducta del doctor Sanders en la cocina de casa de Evan.

En cuanto a Heather, no sabía cómo iba a reaccionar cuando lo viera después de lo que le había dicho. Aquellas palabras le habían salido de dentro sin querer y lo habían dejado tan sorprendido como a ella.

Al no ver su nombre por ninguna parte, pensó que había sido un error ir allí. Vivía en el campus en el Lincoln Center, en el centro de Nueva York. Podía estar en mil sitios. Haría mejor en irse al aeropuerto hasta que saliera su vuelo a Buenos Aires.

Cuando se disponía a irse, vio a un hombre rubio con camisa de manga corta y pantalones cortos que estaba bebiendo agua en una fuente. Obviamente, era un estudiante. Raúl se acercó a él.

– Perdón, estoy buscando a una pianista que se llama Heather Sanders. Es rubia y de ojos azules. ¿La conoces?

El chico levantó la cabeza y lo miró con hostilidad.

– ¿Y tú quién eres?

Aquel pobre diablo había dejado tan claro lo que sentía por Heather que Raúl tuvo que contenerse para no contestarle de manera cortante. Por otra parte, se alegró de que aquel joven se interesara por ella. Así nadie con malas intenciones se acercaría a ella. Cualquier desconocido podía entrar a buscarla. Tal vez, por eso ella no había colocado su nombre en la puerta.



19 из 99