– Una relación en la que nos viéramos un fin de semana de vez en cuando no creo que nos satisficiera a ninguno de los dos. La única solución es casarnos o no volvernos a ver.

– Tendrías que dejar tu carrera, y no mirar atrás.

Por lo que me ha contado Evan, tu padre se moriría. Quiero que sepas que soy un hombre posesivo. Te quiero conmigo todas las noches.

Heather tuvo que sentarse.

– Mi vida está en la selva. Tendrías que venir a mi mundo. No te podría prometer nada. En otras palabras, Heather, acabarías odiándome. Es un entorno tan duro que casi nadie quiere a trabajar allí. No lo resistirías.

– ¡Eso no lo sabes! -gritó ella levantándose.

– ¡Claro que lo sé! Por mucho que quiera que seas mi esposa, no puedo pedirte que renuncies a tu vida. Tienes un don y no pienso pedirte que hagas semejante sacrificio.

A Heather no le dio tiempo de contestar. Raúl giró el pomo y abrió la puerta.

– Perdona por la intromisión. No volverá a suceder.

Lo decía en serio. Se iba a ir y no volvería a verlo.

– ¡Raúl, no te vayas!

El se giró sonriente.

– Quédate hasta mañana -le suplicó-Si es lo único que tenernos, al menos, pasemos la noche juntos.

– Si me estás proponiendo lo que yo creo, no tienes ni idea de en lo que te estás metiendo -le dijo-. Algo me dice que nunca te has acostado con un hombre.

– ¿Me vas a echar en cara que sea virgen? -le gritó-. Hace un momento, me has dicho que me deseabas.

– Más de lo que te puedas imaginar.

– Yo también te deseo -le confesó-. Por favor,

Raúl. Hazme el amor esta noche. Me muero de ganas.

– Mañana, te arrepentirás -le dijo pálido.

– Si esta noche no la paso contigo, el resto de los días de mi vida no tendrán sentido.



24 из 99