Pero su enfado no duró más de unos minutos, pues surgió su sentido del humor. Debía presentar una escena ridícula vestida con esa ropa elegante y erguida sobre una pierna contra un árbol, rodeada de vacas. No le sorprendía que Strachan McLeod la hubiera mirado con desdén.

Debía haber estado más amable y haberse disculpado, en lugar de responderle de esa manera. Si deseaba pasar el invierno allí, no tenía objeto reñir con sus vecinos. Se miró la laca de las uñas color rosa oscuro y se preguntó si le habría gustado a Strachan McLeod. Decidió que quizá no. Él no parecía un hombre que se dejara impresionar con facilidad por el encanto femenino.

La joven suspiró al pensar que habría merecido la pena hacer un esfuerzo para verlo sonreír.

La próxima vez que lo viera trataría de hacerlo, se prometió e imaginó con placer la escena. La hostilidad de los ojos azules de Strachan McLeod desaparecería y sonreiría, sorprendido y contento, al descubrir lo encantadora que podía ser ella. Tal vez incluso se disculparía por haberla juzgado mal durante ese infortunado primer encuentro…

Sin embargo, aquello parecía demasiado pedir, incluso para la imaginación vivida de Gisella. Se resignaría si él no se disculpaba, pero estaba decidida a demostrarle lo agradable que era ella cuando se lo proponía.

Mientras tanto, aún tenía que escribir ese artículo para Yvonne. Se sintió culpable por haber perdido tanto tiempo pensando en Strachan McLeod y se obligó a pensar en su problema inmediato. ¿Cómo entraría en el Castillo Kilnacroish?

Capítulo 2

¡Si al menos no hubiera tenido que pasar el último mes trabajando en el caso Wightman! Normalmente, Gisella dedicaba cierto tiempo a la investigación, antes de acercarse al propietario del lugar donde pensara investigar, pero cuando en la revista le pidieron que escribiera un nuevo artículo sobre una noticia que había publicado el año anterior, no pudo negarse. Y por ese motivo se encontraba ahora así, sin tener idea de cómo abordar al lord de Kilnacroish.



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