Gisella enrolló el cordón del teléfono en su dedo y añadió después de una pausa:

– Además, le debo un favor a Ivonne. Ella me ha dado una oportunidad al encargarme estos artículos especiales, puesto que yo sólo he trabajado en artículos de investigación. El que uno sea bueno en algo, no significa necesariamente que lo vaya a ser en otra cosa. Focus tiene mucha competencia en este momento. No puedo fallarle. Por lo tanto -suspiró-, tengo que convencer a ese lord. Dime todo lo que sepas de él.

– No mucho, en realidad no lo conozco -respondió Meg-. No es muy sociable; sin embargo, la gente de los alrededores lo respeta mucho. Creo que hubo un escándalo en relación con Kilnacroish, pero eso fue mucho antes de que viniéramos aquí y nadie habla del asunto.

– ¡Oh! -Gisella golpeó la pluma contra su libreta, pensativa-. ¡Desearía averiguar más sobre él antes de ponerme a escribir!

– ¿Qué vas a hacer ahora? -preguntó su amiga con curiosidad.

– Creo que iré al castillo y se lo pediré en persona. El trato directo por lo general es más efectivo.

– En especial cuando se tiene una apariencia como la tuya -comentó Meg-. ¡Es increíble cómo consigues todo lo que deseas! Ningún hombre parece poder resistir el hechizo de tus grandes ojos grises ni de tu sonrisa.

– Mmm -murmuró Gisella al recordar a Strachan McLeod. ¡Él no parecía muy impresionado! Tenía el auricular colocado entre la oreja y el hombro y una libreta sobre las piernas. Hacía anotaciones mientras pensaba. De pronto se encontró dibujando la boca de él y la borró con enfado-. ¿Está casado el lord? -hizo un esfuerzo por volver a la charla. Sería más fácil tratar con una mujer.



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