– Oh, gracias… -empezó a decir ella con gratitud, mas él la interrumpió.

– ¿Qué hace aquí?

La sonrisa de Gisella se borró por la sorpresa, ante ese tono hostil.

– ¿Cómo dice? -lo miró perpleja.

Estaba ante un hombre moreno, fuerte y agresivo y se sintió extrañamente tensa. El impulso de abrazar por el cuello a su salvador y darle las gracias se disipó al ver su expresión.

– Le he preguntado que qué está haciendo en mi campo -repitió él. Su suave acento escocés se agudizó por la impaciencia. Tenía el mentón cuadrado y, unos ojos del color azul más intenso que ella había visto en su vida.

Gisella pensó que eran unos ojos con una expresión muy poco amistosa. Aunque él no hubiera dicho que era el dueño del campo, ella habría sabido que se trataba de un granjero por su expresión austera y la gorra que cubría su cabello negro. Su ropa también era típica: una chaqueta impermeable curtida por la intemperie y unos pantalones de pana verde gastados. Calzaba botas de goma cubiertas de lodo.

Él la inspeccionaba con mirada hostil y de pronto Gisella comprendió lo tonta que debía parecer, erguida sobre un pie, en mitad de un campo lodoso.

– No estoy haciendo nada -respondió a la defensiva.

– Ha invadido propiedad ajena, para empezar. No tiene derecho de entrar en mi tierra y mucho menos a inquietar a mi ganado.

– Le puedo asegurar que su precioso ganado no estaba en absoluto inquieto. ¡Estas bestias iban a atacarme!

– Si lo hubieran hecho, lo cual me parece improbable, le hubiera estado bien empleado. ¡Ha dejado la verja abierta, ya sea por ignorancia o por descuido!

Resultaba claro que estaba furioso con ella. Gisella miró la verja con expresión de culpa, pero se negó a ser intimidada por un simple granjero.

– ¿Y? No he causado ningún daño -se encogió de hombros y al volverse, se encontró con la mirada iracunda del granjero.

– ¡Es un ganado valioso! -gritó él-. ¡Demasiado valioso para ser arriesgado por su estupidez! Supongo que no ha pensado en lo que hubiera sucedido si el ganado se hubiese salido a la carretera -señaló con enfado hacia un sendero angosto que pasaba cerca de la cabaña.



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