
Él la miró con desagrado.
– Entonces, ¿qué hace aquí? Si no desea información, ¿para qué husmea por aquí?
– No estoy husmeando, sino investigando -respondió Gisella con frialdad-. Estoy escribiendo una serie de artículos sobre leyendas y supersticiones locales. ¡Así que a no ser que tenga un monstruo en su casa, no lo molestaré!
Los ojos de él se entrecerraron de pronto, pero Gisella no lo vio. Mientras ella hablaba, se escuchó el sonido de un movimiento en la parte posterior del Land Rover y el perro más grande que había visto en su vida saltó y se dirigió hacia Strachan McLeod.
Gisella tragó saliva. Él era un hombre corpulento, pero la cabeza del animal le llegaba casi a la cintura. Era un perro de color gris muy fuerte. Ella observó como frotaba la cabeza con afecto contra la chaqueta de su amo.
– Veo que en realidad sí tiene un monstruo -la joven trató de que su comentario sonara como broma, mas su voz sonó muy aguda.
– Es Bran -el rostro del hombre se suavizó al mirar al perro y colocar la mano sobre su cabeza-. Es un galgo irlandés. No es tan fiero como parece, pero es perro de un solo dueño y no le agradan los extraños.
– No se preocupe, le aseguro que no deseo cruzarme en su camino -aseguró Gisella, sin dejar de mirar al enorme animal con horror e incredulidad.
El perro se quedó mirándola fijamente y de pronto se le acercó. Ella de inmediato dio un paso hacia atrás y dirigió una mirada alarmada a Strachan.
– No tenga miedo -dijo él, pero observó a Bran con expresión de extrañeza, cuando éste tocó la mano de Gisella con su negra nariz.
A Gisella no le gustaban los animales y ese perro la puso muy nerviosa. Deseaba apartar la mano pero no quería que el perro se enfadara. Por lo tanto, le acarició la cabeza y se sorprendió mucho cuando el animal respondió lamiéndole la mano y moviendo la cola.
– ¡Bran! -lo llamó su dueño. El perro obedeció y se apartó, aunque con pesar evidente-. Parece que ejerce una fascinación especial sobre mis animales -Strachan frunció el ceño con sospecha. Era obvio que no le había agradado que su perro le diera la bienvenida con tacto afecto-. Primero el ganado y ahora Bran. Él nunca hace eso con personas extrañas.
