
—Lo quiero hoy. Dile a Joyce Savin que tiene máxima prioridad. —Judith Niles dirigió a De Vries con la cabeza un pequeño movimiento de aprobación—. ¿Algo más?
—Nada que merezca la pena. Maftana te daré mi informe completo.
Buscó a Charlene a través de la mesa. Su expresión decía que nunca lo leería. La Directora dependía de su personal para estar enterada de los detalles. Nadie sabía cuánto tiempo dedicaba a cualquier informe en concreto. A veces los datos más pequeños requerían su atención durante días, mientras otros proyectos más importantes permanecían meses sin ser estudiados.
Judith Niles echó una rápida ojeada a su reloj.
—Doctora Bloom, es usted la siguiente. Resúmalo cuanto pueda. Me gustaría acabar con nuestro visitante antes del almuerzo si es posible.
Pero a mi espalda siempre oigo el carro alado del tiempo aproximándose… Charlene apretó los dientes. JN estaba obsesionada con el tiempo y el sueño. Y casi todo lo que Charlene podía ofrecer eran malas noticias.
Inclinó la cabeza sobre sus notas, reticente ante la idea de comenzar.
—Acabamos de perder uno de los osos kodiaks —dijo bruscamente. Hubo un rumor de movimiento cuando todos los que se encontraban en la mesa se enderezaron. Charlene mantuvo inclinada la cabeza—. Gibbs colocó a Dolly a unos pocos grados por encima de la temperatura de congelación y trató de mantener un nivel positivo de actividad cerebral.
Ahora en la habitación había un silencio cargado. Charlene tragó saliva, sintió un nudo en su garganta y se apresuró.
—El procedimiento es el mismo que describí en el informe de la semana pasada para el Comité Supervisor. Pero esta vez no pudimos estabilizarlo. Las pautas de las ondas cerebrales buscaban nuevos niveles estables, y había principios alfa espúreos. Cuando empezamos a bajar la temperatura, todas las funciones corporales se fueron al garete. Oscilaciones por todas partes. Traigo las listas conmigo. Si quieren verlas, las pasaré.
