—Más tarde. —La expresión de Judith Niles era una mezcla de concentración y furia. Charlene conocía aquella mirada. La Directora esperaba que todo el mundo (todas las cosas) compartiera su inclinación hacia el Sueño Cero. Dolly les había fallado. La cara de JN se había vuelto pálida, pero su voz era tranquila e informal.

—¿Gibbs, dijo? Wolfgang Gibbs. ¿El tipo fornido del pelo rizado? ¿Manejó él mismo las operaciones de ascenso y descenso?

—Sí. Pero no tengo ningún motivo para cuestionar su competencia…

—Ni yo, no sugiero eso. He leído sus informes. Es bueno. —Judith Niles hizo un gesto a su secretaria—. ¿Hubo alguna otra anomalía que considere significativa?

—Hubo una. —Charlene Bloom inspiró profundamente y buscó otra página en su cuaderno de notas—. Cuando estábamos a unos quince grados sobre la temperatura de congelación las ondas cerebrales alcanzaron una forma estable. Y Wolfgang Gibbs advirtió una cosa muy extraña en ellas. Parecían tener el mismo perfil que los ritmos cerebrales a temperatura normal, sólo que dilatados en el tiempo.

Se detuvo. Al otro extremo de la mesa, Judith Niles se había incorporado de un salto.

—¿Muy similares?

—No lo hemos pasado aún por el ordenador. A simple vista parecían idénticas… pero cincuenta veces más lentas que de costumbre.

Durante una fracción de segundo Charlene pensó que había visto intercambiar una mirada entre Judith Niles y Jan De Vries. Luego, la Directora la miró con toda su intensidad.

—Quiero verlo por mí misma. Más tarde el doctor De Vries y yo iremos al hangar y echaremos un vistazo a este proyecto. Pero denos más detalles, mientras estamos todos aquí. ¿Cuánto tiempo mantuvo la fase estable, y cuál fue la temperatura corporal más baja? ¿Y qué hay de los ajustes triptófanos?



13 из 281