Se dedicó a observar la librería. Allí estaban los estudios que cabía suponer: Dement, Oswald y Colquhoun, sobre el sueño; el informe Fisher-Koral sobre la hibernación en los mamíferos; los historiales de Williams sobre insomnes sanos. Durante el curso acelerado que había recibido en PES-Uno los había visto todos de pasada, aunque la biblioteca de allá arriba no estaba diseñada para almacenar copias en papel como aquellas.

El antiguo trabajo monográfico de Bremer era nuevo para él. ¿Trabajo inédito sobre los experimentos del peciolo cerebral? Eso parecía poco probable: Moruzzi había rebañado hasta los huesos en ese tema allá en los años cuarenta. Pero, ¿qué era aquella carpeta roja que había junto al mismo «Análisis Revisados»?

Alargó la mano para cogerlo y luego dudó. No quería empezar con mal pie con Judith Niles. Esta reunión era importante. Sería mejor esperar y pedirle permiso.

Se frotó los ojos y se apartó de la estantería para mirar los cuadros de la pared situada frente a la ventana. Le habían instruido bien, pero cuanto más pudiera aprender a través de su observación personal, menos difícil le resultaría este trabajo.

Había muchas fotografías enmarcadas, con presidentes, primeros ministros y hombres de negocios. En un lugar de honor se encontraba el retrato de un hombre de cabellos grises, mentón grande y gafas sin montura. En el borde inferior, escritas a mano, aparecían las palabras Roger Morton Niles, 1921-1988. ¿El padre de Judith? Casi con toda seguridad, pero había algo curiosamente impersonal en la adición de las fechas al retrato. Había cierto parecido familiar, especialmente en los ojos firmes y en los altos pómulos. Comparó la fotografía de Roger Morton Niles con una foto cercana de Judith Niles, donde aquella estrechaba la mano a una mujer india de avanzada edad.

Extraño. La descripción biográfica escrita no cuadraba con la persona que se había marchado de la oficina para atender la reunión con su personal y que le había dirigido el más breve e impersonal de los saludos.



17 из 281