La figura estaba al alcance del punto de apoyo. Aún se movía, lo bastante cerca para que estirando la mano pudiera hacer la conexión. Cinco segundos después, el contacto se perdió. Ahora sería necesario usar los controles del traje, aplicar el pequeño impulso necesario para volver a la altura del contacto. Judith Niles, de repente, se encontró deseando que los impulsores del traje funcionasen, deseando que la segunda figura alzara la vista y viera lo que ella veía. La separación se hizo mayor. Unos pocos centímetros, treinta metros, la longitud de la delgada antena. La figura había empezado a girar rápidamente sobre su eje. Estaba sobrepasando el último punto de contacto con la estructura.

—¡Oh, no! —Las palabras eran un murmullo de queja. Judith Niles respiraba pesadamente. Tras unos cuantos segundos de silencio, murmuró de nuevo y se enderezó—. ¡Oh, no! ¿Por qué no hace algo? ¿Por qué no se agarra a la antena?

Hans Gibbs se inclinó hacia delante y le quitó gentilmente el cilindro.

—Creo que ya ha visto suficiente. ¿Observó el principio de la caída?

—Sí. ¿Era una simulación?

—Me temo que no. Era real. ¿Qué es lo que cree que ha visto?

—La construcción del botalón de la Estación Salter… de PES-Uno. Y había dos trabajadores colocando una antena.

—Correcto. ¿Qué más?

—El que estaba más lejos se soltó, sin comprobar si tenía el cable asegurado. Ni siquiera miró. Se quedó a la deriva. Cuando el otro se dio cuenta, ya estaba demasiado lejos para que pudiera alcanzarle.

—Demasiado lejos para que le pudiera alcanzar nadie. ¿Comprende qué es lo que va a pasar a continuación?

Ninguno de los dos mostraba mucho interés en la comida que tenía delante. Judith Niles asintió lentamente.

—¿Una reentrada? Si no se le puede alcanzar, ¿tendría que iniciar una reentrada?



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