Hans Gibbs la miró con sorpresa y luego se echó a reír.

—Bien, eso podría pasar… si esperamos unos pocos millones de años. Pero la Estación Salter está en una órbita bastante alta, y la reentrada no es lo que nos preocupa. Esos trajes tienen aire solamente para seis horas. Si no tenemos una nave dispuesta, todo aquel que pierda contacto con la estación y no pueda volver con la limitada masa reactiva de los impulsores del traje, muere. Se asfixia. Por cierto, había una mujer dentro de ese traje, no un hombre. Tuvo suerte. La cámara la estaba enfocando, y por eso pudimos calcular una trayectoria exacta y recogerla al cabo de una hora. Pero probablemente nunca estará preparada psicológicamente para volver a trabajar en el exterior. Otros no han tenido tanta suerte. Hemos perdido a treinta personas en tres meses.

—Pero, ¿por qué?¿Por qué se dejó ir? ¿Por qué no la avisó el otro trabajador?

—Lo intentó… todos lo intentamos. —Hans Gibbs volvió a meter el pequeño grabador en su funda de plástico—. No nos oyó por la misma razón por la que se soltó. Es una razón que tiene que interesarle por fuerza, y el motivo por el que estoy aquí en su Instituto. En una palabra: narcolepsia. Se quedó dormida. No se despertó hasta que la recogimos, a cincuenta kilómetros del botalón. El otro trabajador vio lo que había pasado mucho antes, pero no tenía suficiente capacidad de impulso para ir por ella y volver. Todo lo que pudo hacer fue observar y gritarle a través de la radio del traje. No logró despertarla.

Hans Gibbs apartó su plato medio lleno.

—Sé que en la mayor parte del mundo hay escasez de alimentos, y es un pecado no acabar con el plato. Pero parece que ninguno de los dos tiene mucho apetito. ¿Podemos continuar la conversación en su oficina?

4

Al anochecer, Judith Niles cogió el teléfono y le pidió a Jan De Vries que se reuniera con ella en su despacho. Mientras le esperaba, se quedó junto a la ventana, mirando el jardín que flanqueaba la zona sur del Instituto. El descuido del césped iba en aumento y junto a las flores cercanas a la vieja pared de ladrillo aparecían algunos rastrojos.



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