
—De acuerdo, incluso sin considerar el coste. ¿Por qué crear un Instituto, cuando quiere resolver un solo problema?
El asintió gentilmente.
—Doctora Niles, es usted lógica. Pero permítame indicarle que lo ve desde una perspectiva equivocada. El problema es demasiado importante para que yo los use como consultores. Necesito atención exclusiva. Si se queda usted en la Tierra, con sus responsabilidades actuales hacia las Naciones Unidas, ¿cuánto tiempo podrían dedicar a mi problema? ¿Cuánto tiempo de la doctora Bloom, del doctor Cameron, del doctor De Vries? ¿Un diez por ciento? ¿O un veinte por ciento?
—Entonces por qué no contratar a un equipo para el problema específico? Los salarios que ofrece atraerían a muchos miembros de mi personal.
—¿Y a usted? —Sonrió mientras ella seguía mostrándose hermética—. Pensé que no. Sin embargo, me han dicho que, si hay alguien que pueda resolverlo, es Judith Niles.
Judith sintió que se le ponía la carne de gallina. Salter Wherry estaba dispuesto a trasladar una estación de muchos millones de dólares al espacio y hacer un acuerdo a largo plazo, simplemente para asegurarse de que ella estaría disponible. ¡Cuidado!, le dijo una voz interior. Recuerda, la adulación es una herramienta que nunca falla.
¿Sospechaba él que estaría obligada a trasladar algunos de los experimentos al espacio si sus ideas sobre los procesos de la conciencia eran correctas? Y si ella ya sabía qué causaba el problema de narcolepsia entre el personal de la estación espacial de Salter Wherry, entonces desde el punto de vista de él, el traslado del Instituto sería innecesario. Ella estaría manipulando al maestro manipulador.
—Parece que duda —continuó él—. Déjeme ofrecerle un argumento adicional. Ya conozco su indiferencia personal hacia el dinero, de modo que no se lo ofreceré. ¿Pero qué hay de la libertad para experimentar?
